miércoles, 4 de marzo de 2015

Dudas, sensaciones, sentimientos en la consulta de un médico de familia

Creo que todos experimentamos con cierta frecuencia la sensación de estar pensando en algún paciente al haber salido del trabajo, y no sólo de eso, sino de quedarnos con una sensación rara, de pesadez o de tensión físico-psíquica (¿se pueden separar cuerpo y mente?) al salir de la consulta. La llevamos con nosotros, pensamos que ha sido un día duro, que hemos tenido muchas dudas, que los pacientes han sido muy demandantes, que he acumulado mucho atraso, que sigo viendo en consulta a paciente que acuden a continuación de prescripciones realizadas por otros compañeros que a pesar de poder hacerlo por el mismo sistema informático que yo lo delegan en nosotros (¿será necesaria la rebelión?)... También hay pacientes que por su situación, patología, situación social o por lo que sea, transfieren más esa sensación y quizás no sabemos elaborarla para que no repercuta en nuestro ánimo. Puede que al final de la consulta, pararse cinco minutos a reflexionar sobre lo acontecido, contárselo a algún compañero, analizarlo ayude a cerrar ahí el día de trabajo. Quizás en casa haya que repasar algún tema, hacer alguna búsqueda bibliográfica..., pero sobre algún tema en concreto, no sobre un paciente concreto, con toda la carga emocional que supone. Creo que la parte de las emociones es importante a la hora del contacto con las personas, ¡no podemos deshumanizarnos para poner barreras y que no nos afecte!, pero en casa... Hoy me quedo con varias cosas: me ha hecho sentir mal que en dos ocasiones he tenido que pasar al sistema de prescripción informatizada las recetas de otro compañero que tiene la posibilidad de hacerlo igual que yo. Si queremos que esto cambie también nosotros activamente tendremos que proponer alternativas. Como es algo que viene de lejos y nos afecta a todo el equipo propondré en el orden del día de una reunión de equipo pendiente abordar este tema, y mientras tanto intentaré que me afecte menos, ya que hay una acción en camino. También me han causado tensión (la he notado en cuello, espalda y mandíbula) dos pacientes que se han presentado en la consulta, sin cita; uno de ellos para un tema burocrático: "cuando puedas me dejas preparado en AAC..." Me lo he anotado en la cabeza y se lo he preparado. Para la siguiente le pediré que en AAC pida una cita administrativa con lo que necesita y la justificación. Y el otro paciente, sí que ha pedido cita, como urgente, para el resultado de una prueba complementaria solicitada por el internista, ya que con él no tiene cita hasta abril y se tiene que ir de vacaciones. Le he atendido y la he mirado, lo cual ha hecho que tenga que consultarlo, mirarlo, mandarle correo electrónico al internista... Al paciente que le explicado el fin de una consulta urgente, pero ¡claro! si yo al final le he atendido no sé muy bien qué mensaje le habrá llegado: "sí, sí, protesta pero al final me atiende" o "para la siguiente pido cita ordinaria y ya está" o qué... Con éste no me he quedado satisfecho. Pero sí que me he quedado satisfecho con el resto de la mañana, sobre todo en dos pacientes. El primero, un chico joven atendido en urgencias por parestesias al que le realizan exploración física, analítica general y TAC craneal y tras ser todo normal lo derivan a consulta para poner tratamiento ansiolítico. Ha sido una consulta provechosa, de tiempo, en la que el paciente ha podido expresar lo que sentía, sus miedos, a qué lo atribuía, y tras hablar de la ansiedad y sus síntomas, de diferenciar tristeza de depresión, de distinguir entre acontecimientos de la vida cotidiana y enfermedad, se ha marchado más tranquilo, habiendo sentido que su médico, al que no le había visto nunca, ha sabido escucharle y trasmitirle seguridad. La segunda paciente ha sido una señora añosa a la que conocía de visitas esporádicas, con una buena calidad de vida, y buena situación familiar, social y de salud. Hace una semana acudió a consulta por un malestar general, pérdida de apetito, náuseas y malestar abdominal, con una palpación abdominal anormal. Tras una serie de pruebas complementarias hoy he ido a visitarle al domicilio con malas noticias: carcinomatosis peritoneal, metástasis hepáticas. Grandes dudas, cómo hacerlo, hasta dónde contarle... Pero ella lo ha puesto todo fácil. Directamente me lo ha preguntado, "- ¿tengo algo malo, Íñigo?", "- ¿por qué piensas eso?", "- yo me lo noto, no estoy bien", "- sí, hay algo malo en el abdomen", "- no se puede curar", "- no, no tiene cura, pero sí podemos hacer que estés lo mejor posible, tratando los síntomas que tengas cuando los tengas. Tanto la enfermera como yo trataremos de ayudarte en lo que necesites. No dudes en consultarnos cualquier duda que tengas. Supongo que los siguientes días te surgirán preguntas para hacernos, intentaré responder a las que sepa" Tras hablar con los hijos y asegurarme de un cuidado adecuado nos citamos para la semana que viene. Hoy no he podido hablar de esto con ninguno de mis compañeros, pero creo que dejo todo elaborado, o más o menos. Pasaré buena tarde. Hasta el próximo día.